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Limpieza Facial: Qué es, Tipos, Beneficios y Cuándo hacérsela

Una limpieza facial profesional elimina <strong>impurezas, exceso de sebo y células muertas</strong> con un protocolo adaptado a tu piel; la clave no es limpiar más, sino elegir bien la técnica y la frecuencia.

Limpieza facial
María Roquet-Jalmar SausDr. María Roquet-Jalmar SausEstética y Radiodiagnóstico · Céd. Prof. 16/1603323

Lo esencial · 30 segundos

  1. Una limpieza facial profesional va más allá de la higiene diaria y puede combinar limpieza, exfoliación, extracción selectiva, hidratación y aparatología.

  2. No existe una única limpieza ideal: el tipo y el estado de la piel determinan qué pasos conviene realizar.

  3. La frecuencia no debe fijarse por calendario: depende del sebo, los comedones, la sensibilidad, la rutina cosmética y los tratamientos que estés utilizando.

  4. Si hay acné inflamatorio, rosácea activa, dermatitis o una barrera cutánea alterada, una limpieza agresiva puede empeorar la irritación.

Es habitual pensar que una limpieza de cutis consiste simplemente en ‘sacar puntos negros’ o que cuanto más exfoliemos, más limpia quedará la piel. Una buena higiene facial no consiste en agredir la piel, sino en retirar lo que sobra respetando su barrera y tratando de forma distinta una piel grasa, seca, sensible o congestionada.

Qué es una limpieza facial

Si te preguntas qué es una limpieza facial, hablamos de un procedimiento de higiene y cuidado del rostro destinado a retirar restos de maquillaje, suciedad, exceso de sebo y células superficiales, y a preparar la piel para los productos o tratamientos que se apliquen después.

La diferencia respecto a lavarte la cara en casa está en la valoración previa y la capacidad de personalizar el procedimiento. En una sesión profesional podemos decidir si necesitas una limpieza suave, exfoliación, extracción de comedones, hidratación o apoyo con aparatología; no todos esos pasos son necesarios en todas las pieles.

La higiene diaria sigue siendo imprescindible. De hecho, la Academia Española de Dermatología y Venereología recomienda en piel acneica una limpieza adecuada, sin exagerarla, porque el exceso de lavado o manipulación puede irritar y agravar el problema.[1] La literatura científica también recuerda que el reto de cualquier sistema de limpieza es retirar residuos sin deteriorar el estrato córneo y su función barrera.[3]

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En qué consiste una limpieza facial profesional

Cuando alguien pregunta en qué consiste una limpieza facial o qué te hacen durante la sesión, conviene aclarar que no hay una secuencia universal. El protocolo se adapta a la tolerancia, la presencia de comedones, el nivel de hidratación y el objetivo de la piel.

1. Valoración y limpieza superficial

Primero observamos el estado cutáneo y retiramos maquillaje, fotoprotector, sebo y residuos. Esta fase parece sencilla, pero permite detectar si estamos ante una piel sensible, deshidratada, grasa o con lesiones inflamatorias que obliguen a modificar el resto de la sesión.

2. Exfoliación adaptada a la piel

La exfoliación ayuda a desprender células de la capa superficial y puede ser mecánica, enzimática o química según el protocolo. No debe hacerse con la misma intensidad en todas las personas: una piel reactiva o con la barrera alterada necesita mucha más prudencia que una piel resistente y congestionada.

Los peelings químicos superficiales con sustancias como ácido glicólico o salicílico tienen indicaciones propias y no son equivalentes a una limpieza convencional. En acné se han estudiado como tratamientos complementarios, aunque la elección del ácido y la concentración requiere individualización.[5]

Consejo clínico: si tu piel escuece con agua, está descamada o se enrojece con facilidad, avisa antes de empezar; esos datos cambian por completo la intensidad de la limpieza.

3. Extracción de comedones cuando está indicada

La extracción busca retirar determinados comedones abiertos o cerrados de forma controlada. No significa apretar cada poro ni manipular granos inflamados. Forzar una lesión puede aumentar inflamación, dolor y riesgo de marca, por lo que hay zonas que es mejor no tocar.[1]

Una situación frecuente en consulta es la persona que llega después de intentar extraerse los puntos negros en casa. En esos casos, antes de continuar, revisamos si existe inflamación o irritación provocada por la manipulación; a veces lo más sensato es calmar la piel y posponer la extracción.

4. Hidratación, activos y finalización

Después de limpiar y, si procede, extraer, el protocolo puede incorporar sérum, mascarilla, productos hidratantes o técnicas destinadas a mejorar el confort cutáneo. El objetivo es terminar con una piel equilibrada y una barrera bien cuidada, no con sensación de tirantez. Los dermatólogos recomiendan limpiadores suaves e hidratación adaptada al tipo de piel para preservar esa función barrera.[2]

Tipos de limpieza facial: cuál puede encajar mejor contigo

Hablar de tipos de limpieza facial solo tiene sentido si los relacionamos con una necesidad concreta. Una piel con exceso de sebo no busca lo mismo que una piel deshidratada o apagada, y por eso el protocolo debería cambiar.

Tipo o enfoque Objetivo principal Cuándo puede interesar
Limpieza facial básica Retirar suciedad, maquillaje, sebo superficial y células desprendidas. Mantenimiento de una piel sin congestión importante.
Limpieza profunda Trabajar con mayor intensidad la congestión y realizar extracción selectiva si procede. Poros obstruidos, comedones o acumulación de sebo.
Doble limpieza con INDIBA Combinar un protocolo de limpieza con tecnología INDIBA. Cuando se busca una higiene facial completa con apoyo de aparatología.
Hidraskin Pro Purificar la piel dentro de un protocolo profesional. Pieles que buscan especialmente limpieza y purificación.
Exoskin Pro Orientar el protocolo a regenerar e iluminar. Piel apagada o cuando, además de limpiar, se busca mejorar luminosidad y calidad visual.

Limpieza facial básica

La limpieza facial básica es un protocolo de mantenimiento. Se centra en retirar impurezas superficiales y puede acompañarse de una exfoliación suave, hidratación y mascarilla. No necesita una extracción intensa si la piel no presenta comedones que la justifiquen.

Limpieza facial profunda

Una tratamiento de limpieza facial profunda está pensado para ir más allá de la higiene superficial cuando existe congestión, exceso de sebo o impurezas acumuladas. La profundidad no debería confundirse con agresividad: limpiar más no significa frotar más ni extraer indiscriminadamente.

Doble limpieza con INDIBA

La tratamiento de limpieza facial con doble limpieza e INDIBA combina la higiene del rostro con esta aparatología. Su rasgo diferencial es precisamente incorporar INDIBA dentro del protocolo, por lo que puede ser una opción cuando no buscamos únicamente retirar impurezas, sino realizar un cuidado facial más completo.

También puedes consultar específicamente la limpieza facial con indiba si quieres conocer cómo se plantea este protocolo y valorar si encaja con el estado actual de tu piel.

Hidraskin Pro: limpieza orientada a purificar

Hidraskin Pro se plantea como una opción especialmente orientada a purificar y limpiar la piel. Puede tener sentido cuando el objetivo prioritario es trabajar la acumulación de impurezas y conseguir una sensación de piel más limpia, siempre ajustando el protocolo a la tolerancia cutánea.

Exoskin Pro: regenerar e iluminar

Cuando la preocupación principal no es solo la congestión, sino también el aspecto apagado, una limpieza facial detox como Exoskin Pro se orienta a regenerar e iluminar la piel. La elección frente a una limpieza purificante depende de lo que observemos en la valoración inicial.

Consejo clínico: no elijas una limpieza porque sea la más “profunda”. El mejor protocolo es el que responde a la necesidad real de tu piel sin someterla a pasos innecesarios.

Qué beneficios tiene una limpieza facial

Los beneficios de una limpieza facial dependen del punto de partida y del procedimiento utilizado. Su función principal es higiénica y cosmética; no debemos presentarla como un tratamiento capaz de curar por sí solo el acné, borrar manchas o hacer desaparecer los poros.

  • Retira impurezas y residuos acumulados sobre la superficie cutánea.
  • Ayuda a eliminar parte del exceso de sebo y células superficiales.
  • Permite trabajar de forma controlada determinados comedones y puntos negros cuando la extracción está indicada.
  • Puede mejorar temporalmente la suavidad, textura y luminosidad visual al retirar residuos y descamación superficial.
  • Deja la piel preparada para continuar una rutina cosmética adaptada y facilita una aplicación uniforme de los productos posteriores.
  • Permite revisar de cerca el estado de la piel y detectar cuándo conviene cambiar de estrategia o derivar a valoración dermatológica.

En piel acneica, la evidencia sobre limpiadores y frecuencia de lavado es limitada y no permite atribuir a la limpieza por sí sola un efecto terapéutico universal.[4] Por eso distinguimos entre higiene adecuada y tratamiento del acné: si hay lesiones inflamatorias persistentes, la limpieza puede acompañar el cuidado, pero no sustituye el diagnóstico ni la terapia dermatológica.

La Sociedad Española de Medicina Estética también ha señalado la utilidad de adaptar la limpieza y la exfoliación suave al tipo y estado de la piel, especialmente cuando existe deshidratación o aspecto apagado.[6]

¿Una limpieza facial elimina los puntos negros y cierra los poros?

Esta es una de las dudas que más se repite en consulta. Una limpieza puede retirar determinados comedones y material acumulado en el folículo, pero no cambia de forma permanente la anatomía del poro ni impide que vuelva a llenarse.

Los puntos negros no son simplemente “suciedad”. Son comedones abiertos en los que se acumulan sebo y queratina. La extracción profesional puede mejorar su apariencia en el momento adecuado, pero la tendencia a formarlos depende de factores cutáneos que requieren mantenimiento y, en algunos casos, tratamiento dermatológico.

Tampoco hablamos de “abrir” y “cerrar” poros como si fueran puertas. Podemos conseguir que un poro congestionado se vea menos evidente al retirar su contenido y mejorar la textura superficial, pero no es realista prometer poros cerrados de forma permanente.

¿Cada cuánto hay que hacerse una limpieza facial?

No existe una frecuencia universal válida para todos. La respuesta a cada cuánto hacerse una limpieza facial depende del tipo de piel, la cantidad de sebo, la presencia de comedones, la sensibilidad, la rutina domiciliaria y si utilizas retinoides, ácidos u otros tratamientos.

Situación de la piel Cómo planteamos la frecuencia
Piel grasa o congestionada Puede necesitar revisiones más próximas, pero sin convertir la extracción frecuente en una rutina automática.
Piel normal o mixta Suele plantearse como mantenimiento según acumulación de impurezas y objetivos cosméticos.
Piel seca o deshidratada Priorizamos suavidad, hidratación y respeto de la barrera frente a una limpieza intensa.
Piel sensible o reactiva Conviene espaciar y adaptar los procedimientos, evitando exfoliación o fricción innecesarias.
Acné inflamatorio o dermatosis activa Antes de una limpieza profunda, puede ser preferible valoración dermatológica.

Por eso evitamos afirmar que todo el mundo necesita una sesión cada tres o cuatro semanas. Aunque ese intervalo se utiliza a veces como pauta estética, la periodicidad debe individualizarse. La propia evidencia sobre lavado facial en acné no permite establecer reglas rígidas aplicables a todas las personas.[4]

Cuándo hacerse una limpieza facial

Más que mirar únicamente el calendario, conviene observar cómo está tu piel y qué necesitas conseguir. Hay momentos en los que una limpieza profesional puede resultar útil y otros en los que es preferible esperar o modificar el procedimiento.

  • Cuando notas acumulación de impurezas, sebo o comedones que no mejora con tu higiene habitual.
  • Si la piel está apagada, áspera o con descamación superficial y necesita un protocolo de limpieza e hidratación adaptado.
  • Cuando quieres revisar tu rutina y saber si estás limpiando demasiado, demasiado poco o con productos inadecuados para tu piel.
  • Antes de determinados tratamientos estéticos, siempre que el profesional considere que preparar previamente la piel aporta valor.
  • Como mantenimiento, cuando la valoración muestra que existe una necesidad real de higiene profesional, sin imponer una periodicidad fija.

Si tienes un evento importante, es mejor no estrenar a última hora una limpieza intensa con extracciones o exfoliantes que nunca has probado. La tolerancia individual puede variar y algunas pieles presentan enrojecimiento transitorio tras la manipulación.

Qué limpieza facial elegir según tu tipo de piel

El nombre comercial del tratamiento importa menos que su indicación. Para elegir qué limpieza facial necesita tu piel, valoramos sebo, hidratación, sensibilidad, comedones, inflamación, textura y los cosméticos que ya utilizas.

Piel grasa o con tendencia a comedones

En una piel grasa solemos priorizar la retirada de exceso de sebo y el control de la congestión, con extracción selectiva cuando procede. Eso no significa desengrasar hasta dejar tirantez: una limpieza demasiado agresiva puede alterar la barrera cutánea.[3]

Piel seca o deshidratada

En este caso buscamos una limpieza suave y respetuosa, evitando sobreexfoliar. El objetivo es retirar residuos sin aumentar la sensación de tirantez y completar el cuidado con hidratación adecuada. La AEDV recomienda limpiadores suaves y de alta tolerancia como parte del cuidado de la piel.[2]

Piel sensible o con rosácea

La piel sensible necesita menos fricción, menos agresión y una selección cuidadosa de productos. La literatura dermatológica española recomienda limpieza suave, pH fisiológico y evitar dispositivos mecánicos o exfoliantes agresivos en este tipo de piel.[7]

Piel con acné

Si predomina el acné comedoniano, la higiene profesional puede formar parte del abordaje. Si hay pápulas, pústulas, nódulos o lesiones dolorosas, no debemos tratar el problema como una simple cuestión de suciedad. La AEDV desaconseja la limpieza exagerada y la manipulación de las lesiones acneicas.[1]

Consejo clínico: si tienes acné inflamatorio, no pidas “que te saquen todo”. Manipular lesiones inflamadas puede empeorar la irritación; primero hay que decidir qué se puede extraer y qué debe tratarse de otra manera.

Limpieza facial en casa y limpieza profesional: no son lo mismo

Ambas son complementarias. La limpieza diaria en casa mantiene la higiene cotidiana; la profesional permite valorar la piel y realizar procedimientos que no conviene reproducir de forma improvisada con utensilios, ácidos concentrados o extracciones repetidas.

Aspecto Limpieza en casa Limpieza profesional
Objetivo Higiene diaria y retirada de maquillaje, fotoprotector y sebo. Higiene más completa y protocolo adaptado al estado de la piel.
Frecuencia Habitualmente diaria, con productos suaves adecuados. Individualizada según necesidad, no por una regla fija.
Extracciones Conviene evitar manipular lesiones y comedones de forma repetida. Pueden realizarse de forma selectiva cuando están indicadas.
Exfoliación Debe ser prudente y compatible con el resto de la rutina. Puede ajustarse con mayor precisión al tipo y tolerancia de la piel.

Para la higiene cotidiana, los limpiadores deben retirar residuos sin dañar en exceso lípidos y proteínas del estrato córneo. Los tensioactivos pueden interactuar con la barrera cutánea, de modo que la formulación y la tolerancia importan tanto como la sensación de limpieza.[3]

Qué hacer después de una limpieza facial

Los cuidados posteriores dependen de lo que se haya realizado durante la sesión. Después de exfoliación o extracción, la prioridad es no añadir irritación innecesaria y mantener una rutina sencilla hasta que la piel recupere su confort habitual.

  • Utiliza un limpiador suave y evita frotar la piel.
  • Aplica una hidratante compatible con tu tipo de piel.
  • Mantén una fotoprotección adecuada, especialmente si el protocolo ha incluido exfoliación.
  • No manipules pequeñas rojeces, comedones o lesiones que hayan quedado sin extraer.
  • Si utilizas retinoides, ácidos o tratamientos potencialmente irritantes, sigue la pauta indicada para reintroducirlos de forma segura.
  • Si aparece una reacción intensa, persistente o distinta de lo esperado, solicita valoración profesional.

La recomendación de usar limpiadores suaves y preservar la barrera cutánea es especialmente relevante cuando la piel está sensibilizada.[2] Tras una limpieza, más producto no significa mejor recuperación: a menudo una rutina sencilla es la opción más prudente.

Cuándo no conviene hacer una limpieza facial profunda

Hay situaciones en las que debemos modificar, posponer o evitar determinados pasos. El objetivo es no convertir un procedimiento cosmético en una fuente de irritación cuando la piel ya está inflamada o comprometida.

  • Acné inflamatorio intenso, especialmente con lesiones profundas o dolorosas que no deben manipularse.
  • Rosácea en brote o enrojecimiento activo importante.
  • Dermatitis, eccema o irritación visible en la zona que se pretende tratar.
  • Heridas, infecciones o quemadura solar reciente.
  • Uso reciente de procedimientos o activos que hayan dejado la piel muy sensibilizada.

En estas circunstancias, la prioridad puede ser restaurar la barrera o tratar la enfermedad cutánea antes de realizar una higiene profunda. En piel sensible, el uso de productos o técnicas inadecuados puede agravar síntomas como escozor, tirantez y enrojecimiento.[7]

Errores frecuentes al limpiar la piel

Una parte importante del cuidado facial consiste en evitar hábitos que parecen lógicos pero pueden ser contraproducentes. La sensación de piel “chirriante” no es un objetivo médico y tampoco es necesario exfoliar o extraer continuamente para mantener el rostro limpio.

  • Lavarte muchas veces al día porque tienes la piel grasa.
  • Usar exfoliantes físicos con demasiada frecuencia o ejercer fricción intensa.
  • Exprimir puntos negros, pápulas o pústulas con las uñas.
  • Combinar el mismo día varios ácidos, retinoides y exfoliantes sin valorar la tolerancia de la barrera cutánea.
  • Pensar que una limpieza profesional sustituye el tratamiento de una enfermedad como el acné o la rosácea.
  • Elegir siempre la opción más agresiva porque parece que “limpia más”.

La evidencia disponible insiste en buscar un equilibrio entre retirar suciedad y sebo y conservar la integridad de la barrera.[3] En consulta, una de las mejoras más útiles suele llegar cuando simplificamos rutinas sobrecargadas y dejamos de perseguir una limpieza excesiva.

Preguntas frecuentes sobre la limpieza facial

Estas son algunas de las preguntas que más aparecen cuando alguien quiere saber qué se hace en una limpieza facial y qué puede esperar realmente de una sesión profesional.

¿Qué incluye una limpieza facial?

Puede incluir valoración, desmaquillado, limpieza, exfoliación, extracción selectiva, mascarilla, hidratación y, según el protocolo, aparatología. No todos los pasos tienen que hacerse siempre; la sesión debe adaptarse a la piel.

¿Duele una limpieza facial?

La mayor parte del procedimiento debería ser confortable. La extracción de algunos comedones puede resultar molesta, pero el dolor no es una señal de que la limpieza esté funcionando mejor. Si hay que forzar demasiado una lesión, suele ser preferible no manipularla.

¿Puedo maquillarme después?

Depende de la intensidad de la sesión y de cómo haya quedado tu piel. Si ha habido extracciones o exfoliación y existe enrojecimiento, suele ser prudente evitar añadir productos innecesarios hasta recuperar el confort y seguir la indicación recibida.

¿La limpieza facial sirve para el acné?

Puede ayudar como medida de higiene y, en determinados casos, a manejar comedones, pero no sustituye el tratamiento del acné. La evidencia clínica sobre lavado y limpiadores es limitada y el acné inflamatorio puede requerir tratamiento dermatológico específico.[4]

¿Es lo mismo una limpieza facial que un peeling?

No. Una limpieza tiene como objetivo principal retirar impurezas y acondicionar la piel; un peeling químico provoca una exfoliación controlada mediante agentes químicos y tiene indicaciones, concentraciones y precauciones específicas.[5] Pueden combinarse en algunos protocolos, pero no son sinónimos.

¿Qué limpieza es mejor si quiero luminosidad?

Si la piel está apagada, primero debemos averiguar si predomina deshidratación, acumulación superficial, sensibilidad u otra necesidad. Cuando el objetivo es regenerar e iluminar, un protocolo como Exoskin Pro puede encajar mejor que una limpieza centrada exclusivamente en purificar.

¿Y si tengo muchos puntos negros?

Cuando predominan los comedones, puede ser útil una limpieza profunda con extracción selectiva, pero también conviene revisar la rutina domiciliaria y la tendencia a formar nuevas obstrucciones. Extraer lo visible sin corregir el mantenimiento suele dar una solución incompleta.

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Recomendación de la experta en limpieza facial

Para elegir bien, yo no me fijo solo en si una limpieza se llama básica, profunda o avanzada: primero valoro qué necesita realmente la piel y qué pasos pueden aportar algo sin irritarla.

“Mi consejo es que no conviertas la limpieza facial en una carrera por extraer más, exfoliar más o dejar la piel más tirante. Una buena limpieza debe respetar tu barrera cutánea y adaptarse a tu situación.

Si buscas principalmente purificar, podemos valorar Hidraskin Pro; si el objetivo es regenerar e iluminar, Exoskin Pro; y si queremos incorporar aparatología, la doble limpieza con INDIBA añade esta tecnología al protocolo.

En Benaes valoramos la piel antes de recomendar una opción concreta. Si no sabes qué limpieza elegir o tienes acné, sensibilidad, rojeces o una rutina con muchos activos, te recomiendo que contactes con nosotros para decidirlo con criterio.”

Dra. María Roquet-Jalmar Saus
Especialista en Estética y Radiodiagnóstico

Referencias científicas

Las siguientes fuentes respaldan los principales criterios de higiene, barrera cutánea, acné, exfoliación y personalización explicados en el artículo.

  1. Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). Guía para pacientes con acné. AEDV. 2021.
  2. Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV). La AEDV enseña la mejor forma de cuidar tu piel tras el verano. AEDV. 2015.
  3. Walters RM, Mao G, Gunn ET, Hornby S. Cleansing formulations that respect skin barrier integrity. Dermatology Research and Practice. 2012;2012:495917. doi:10.1155/2012/495917. PMID: 22927835.
  4. Stringer T, Nagler A, Orlow SJ, Oza VS. Clinical evidence for washing and cleansers in acne vulgaris: a systematic review. Journal of Dermatological Treatment. 2018. PMID: 29460655.
  5. Chen X, Wang S, Yang M, Li L. Chemical peels for acne vulgaris: a systematic review of randomised controlled trials. BMJ Open. 2018;8:e019607. PMID: 29705755.
  6. Sociedad Española de Medicina Estética (SEME). Tratamientos para recuperar el brillo y la luminosidad de la piel después del verano. SEME. 2019.
  7. Buhé V, Vié K, Guéré C, et al. Diagnóstico y tratamiento del síndrome de piel sensible: un algoritmo para la práctica clínica habitual. Actas Dermo-Sifiliográficas. 2019.
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María Roquet-Jalmar Saus

María Roquet-Jalmar Saus

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Doctora especialista en Estética y Radiodiagnóstico

Número de colegiado: 16/1603323

Médico especialista en estética y radiodiagnóstico, apasionada con el mundo de la medicina, dispuesta a acompañar y mejorar la calidad de vida de mis pacientes.

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